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¿Quién es Héctor Aguilar Camín?
Entrevista para la revista Principio y Fin, 6 de
julio de 1998
Por Gabriela Romero Gómez
Directora Editorial
1.-¿Quién es Héctor Aguilar Camín?
Héctor Aguilar Camín es un escritor de cincuenta
y dos años que empieza a entender la exactitud de la metáfora
que compara la duración de la vida con un paradero. Me he casado
dos veces y tengo tres hijos. No me han sido otorgadas la fe ni la
resignación cristianas. Soy reo de prisa y de impaciencia. No
aspiro a la felicidad sino a la concentración. Y en el mejor de
los casos, a la serenidad. He escrito diez libros y cuatro mil
páginas de artículos periodísticos. Acabo de terminar la novela
que pensé escribir desde joven, la novela por la que decidí
hacerme escritor. Una calma desconocida para mí proviene de ese
hecho. Creo en los amigos y los conservo de todas las épocas.
Creo en la familia y en los hijos. Creo en la conversación de los
espíritus a través de los libros. Creo en el buen alcohol y la
buena mesa , y en el goce de los bienes terrenales. Creo en el
trabajo y el esfuerzo. Creo cada vez menos la inteligencia y
la razón. Cada vez más en la voluntad y el amor.
¿Quién es a partir de su formación en el
Patria, en la Ibero, con los jesuitas?
Me sentí más libre en el Patria que en la Ibero.
En el Patria había una camaradería varonil, una comprensión
liberal de las necesidades de un loco como yo, y como tantos
otros, que pasábamos por el colegio en medio de un agudo
desconcierto familiar y personal. Los deportes y su ambiente
relajado fueron para mí una válvula de escape y de cura. En la
Ibero, padecí intentos de tutorías religiosas que no tuve en el
Patria: sacerdotes que trataron de meterse en mi vida privada, que
quisieron eseñarme el buen camino. El Patria era una escuela
católica. La Ibero a la que yo asistí tenía dejos de escuela
confesional. Entiendo que ha cambiado bastante y ahora peca de lo
contrario, de contestataria y crítica. me gustaría asistir a esa
Ibero.
¿Qué significó para tí la formación valoral
de conciencia crítica de la Compañía de Jesús?
Como buen hijo de escuelas jesuitas y recogí una
inconformidad social, una iracundia justiciera, una conciencia
culposa de la existencia de los pobres y la vanidad comprometida
de pensar y actuar por ellos. Hay una cara admirable, de solidaridad
y compasión, en esa actitud de inconformidad social. Hay una cara
menos admirable, de redentorismo y superioridad moral, en los que
he dejado de creer. Pero la preocupación social, la preocupación
por las desigualdades y las opresiones bárbaras de la sociedad
mexicana, han seguido invariables en mí desde que supe de ellas
no tanto en las aulas, sino en la atmósfera misma de la Patria,
en el hecho de que la mitad del tiempo del colegio estuviera
dedicado a una escuela vespertina a la que acudían estudiantes de
muy limitados recursos, en las iniciativas catequísticas a
barrios y comunidades pobres.
¿Cómo asumes el compromiso de buscar ser mejor
para los demás?
Medianamente. He aprendido que sólo puedo ser
mejor para los demás si estoy en paz y soy mejor conmigo mismo.
He perdido la fe en las vías absolutas de mejora de los demás.
Soy un gradualista. No creo en los atajos ni en las salvaciones
fáciles o rápidas. Creo en lo pequeño. Entre denunciar el
desempleo y crear un empleo, valoro más crear un empleo. Creo
desde luego que hay que buscar tener un mejor gobierno y una
sociedad más equitativa, pero no creo que esas cosas puedan
conseguirse de la noche a la mañana, por la voluntad de un grupo
de iluminados, un partido o una orden religiosa empeñada en
mejorar las condiciones de vida del pueblo. No creo que haya sido
un acierto la orientación de la Compañía de Jesús a partir del
mandato de Arrupe, la famosa opción por los pobres. No sé
cuánto hayan mejorado los pobres con esa opción. Sé que la
educación de los ricos ha quedado en manos de órdenes más
conservadoras que la Compañía de Jesús. No creo que nadie pueda
redimir a los pobres. Creo que uno puede acompañar y ayudar a la
mejora de los demás, pero no puede redimir ni resolverle la vida
a nadie, ni siquiera a sus propios hijos. Creo que las condiciones
de los individuos, como la de los pueblos, sólo mejoran
gradualmente, a base de trabajo y compromiso diario, a base de
esfuerzo y continuidad en el esfuerzo. Al que madruga Dios le
ayuda. Hasta ahí llega mi teología de la liberación.
¿Qué es la investigación social, para qué
sirve?
En México no sirve de gran cosa, porque tiene muy
poco contenido práctico. La investigación social en México
tiene todavía una carga más crítica que propositiva para
resolver los problemas que aborda. Por ejemplo: en un país con
ciudades que son un desastre de planeación y ordenamiento urbano,
no hay una escuela de estudios urbanos orientada a la solución de
los problemas, más que a su denuncia. Lo mismo puede decirse en
casi todos los otros ámbitos: educativo, económico, jurídico,
agrícola, industrial. Una tragedia histórica del conocimiento en
México ha sido la separación relativa de las universidades
públicas y el mercado de trabajo. El conocimiento especializado
va por un lado y los problemas prácticos del país por otro. Los
estudios superiores no andan codo con codo de las necesidades
cotidianas del país.
¿Qué utilidad tiene para México que los
simpatizantes y amigos de la Compañía de Jesús hagan
investigación social?
De la Compañía, amigos y simpatizantes ha venido
uno de los pocos centros orientados a cambiar las condiciones de
la educación en México, el Centro de Estudios Educativos. Pero
no es suficiente para alterar la situación antes descrita. Hay
mucha ideología y poca ingeniería en la investigación social
del país. Necesitamos más soluciones y menos denuncias.
¿Qué es para tí Principio y Fin?
Es un proyecto editorial oportuno que ojalá pueda
convertirse en el heraldo de la cofradía dispersa que es la
influencia jesuita, la marca de fábrica de la Compañía de
Jesús en México. Cuando pienso en esa cofradía pienso en todo
lo que la compone: miembros y ex miembros de la Compañía,
alumnos y exalumnos, réprobos y solidarios, influyentes y no
influyentes, contestatarios y conservadores. Principio y fin es un
proyecto de identidad, en un país en cambio que diluye sus
identidades. No es poco decir.
¿Cuál es el futuro de los egresados de la
Compañía de Jesús en México en cuanto a su compromiso con los
demás?
No lo sé. Supongo que todos llevan una música
común por dentro, una música de preocupación y compromiso con
su realidad y con su país. Lamento y lamentaré siempre el cierre
del Instituto Patria, porque era, entre otras cosas, un punto de
referencia para sus egresados, una seña de identidad común, como
ojalá pueda serlo Principio y Fin. Creo que la Compañía de
Jesús debería abrir otra vez el Patria. Me gustaría pensar que
eso está en nuestro futuro.
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